j.m.m. Albiol

Esté cómic no está dedicada a nadie. Puede que sea porque no haya encontrado a ninguna persona que merezca tal afrenta. Tampoco está basada en hechos concernientes a la realidad, si bien es cierto que algunos capítulos y ciertos lances que tienen lugar a lo largo de la trama han sido vagamente inspirados en eventos que una ha tenido ocasión de presenciar. Pero que no haya quien pretenda aquí reconocerse a sí mismo o a otros, pues caería en el error de creer que el autor le ha concedido la gracia de un protagonismo que, al menos en este relato, no le corresponde.
Si me viera en la obligación de brindar a alguien este cómic, el adjudicatario sería ese individuo incapaz de asumir que al otro lado de la calle en donde vive resulta que el mundo continúa. Se lo dedicaría a esa subespecie humana que consume las horas de su vida ante la pantalla del televisor, en el banco del parque no haciendo nada o en la barra de cualquier bar; a esa generación insensible y asalvajada de aborígenes urbanos que dejan pasar su existencia mientras otros se aprovechan de su ignorancia y de su indolencia…
Pero en este mundo cada cual ha decidido ir por cuenta propia, hasta este que escribe, y es por esto que, imbuído por ese estado de ánimo tan poco humanitario que es propio de mis congéneres, he resuelto no dedicar nada a nadie, sin que esto signifique que no te agradezca, estimado lector, que hayas tenido en consideración malgastar un poco de lo que le queda a tu propia vida en la lectura de este cómic.

 

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